. . .

Amigos con dinero frente a amigos sin dinero: “Cada vez que alguien me invita a una boda mi cuenta corriente y yo echamos a temblar”



Quizás la situación pueda resultar familiar a más de uno y más de dos: sucede durante el ocaso de una cena de seis comensales en una coqueta terraza del distrito madrileño de Chamberí, que bien podría estar terminando en cualquier otra terraza de España. “¿Os apetece un postrecito?”, pregunta una joven echando una mirada golosa a la carta que un avispado camarero ha vuelto a dejar sobre la mesa. “Yo estoy llena, pero pedid vosotros”, responde otra. Piden. Se sirven dos tartas de queso para acompañar las copas de vino que, siendo optimistas, todavía están medio llenas. Cuando cinco de los seis comensales terminan el postre, se pide la cuenta. Ahí empieza la verdadera danza, un torpe baile donde cada cual busca salirse con la suya, a menudo sin tener en cuenta el ritmo de los demás, ni a quién le puedan estar apretando los zapatos. Lo natural, piensa una parte del grupo mientras abre la aplicación de la calculadora de su iPhone, es pagar a escote. “Yo solo he bebido agua”, dice Verónica, de 33 años, a sabiendas de que las botellas de vino ascienden a más de 50 euros y la botella de agua cuesta tan solo tres. “Y no tomé postre”, se aventura a añadir, conocedora de que esas tartas de queso tan de moda ahora, que se derraman sobre el plato, también son una derrama en la cuenta corriente.

Seguir leyendo



Source link

loading...