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El pasado mes de julio, Brad Pitt se confesaba ante la escritora Ottessa Moshfegh (Mi año de descanso y relajación, Alfaguara, 2018) en el número de julio de la revista masculina GQ. La más sorprendente de todas sus declaraciones, y la que llevó a que protagonizase titulares alrededor del mundo, fue aquella en la que el actor, de 58 añós, decía que sentía que estaba llegando al final de su carrera: “De un tiempo a esta parte, me veo ya en mi última etapa. ¿Cómo va a ser esta nueva fase? ¿Cómo voy a planteármela?”, expresó. Sin embargo, y como se dejaba entrever en la conversación entre Pitt y Moshfegh, el intérprete parecía referirse únicamente a su etapa delante de las cámaras, lo que después de una carrera de más de 30 intensos años, le abría un sinfín de posibilidades. Entre sus grandes intereses confesaba tres: la producción (Plan B Entertainment, su productora, centrada en adaptar novelas a la gran y la pequeña pantalla, está detrás de la película Blonde de Andrew Dominik o de las series El ferrocarril subterráneo y Americanah), la música (Pitt comenzó a tocar la guitarra durante el confinamiento) y, sobre todo, la escultura.

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