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Ciencia y entrañas contra el estigma

Junto a la puerta del teatro, una mesa llena de trípticos, puntos de libro en los que se lee ‘més informació, més plaer’ y una bandejita con preservativos. Tras ella, varios hombres con una pegatina blanca con un lazo rojo pegada en el jersey. Dan una bienvenida cariñosa -hay sonrisas y hasta abrazos- a los hombres de edades dispares que van entrando en la amplia sala hasta llenarla. Les cogen de las manos y fijan sobre ellas una bonita calcomanía creada (por ellos) para la ocasión: un mandala rodeado por pequeños lazos rojos con una gota en el centro en la que se lee ‘ponte en mi piel’. Los hombres de ambos lados de la mesa son internos de Brians 2. Los de detrás, como Jesús, participan en el grupo de Salud que ha impulsado la charla ‘Resolvamos dudas sobre el VIH/sida’. Los de delante son las decenas de internos que no han querido perdérsela, pese a ser poco más de las nueve de la mañana de un jueves lluvioso y oscuro. «Lo de las calcomanías es porque aquí no nos podemos poner el lazo, por el alfiler. Además, nos gustó la idea de pegarlo en la piel y lo de ‘ponte en mi piel’, siente lo que yo siento…«, señala Jesús, en Brians 2 desde hace cuatro años y quien convive con el VIH desde hace 25. «Soy indetectable», se presenta emocionado tras ver el éxito de convocatoria.

Esa, ‘indetectable’, es una de las palabras que más se repetirá en la sala durante las dos horas posteriores. Suena a superpoder, y, un poco, lo es. Tiene el superpoder de la esperanza, que no es poco. Imparten la magistral charla la enérgica y cercana doctora Nuria Izquierdo-Useros, investigadora de IrsiCaixa, y Jordi San José, colaborador de la institución y portador del VIH, quien explica en primera persona y con la misma energía y cercanía qué significa convivir con el virus. «Si sigues el tratamiento, el virus se vuelve indetectable, e indetectable quiere decir también intransmisible. Por eso es tan y tan importante hacerse la prueba y empezar con el tratamiento en cuánto antes», insisten tanto Izquierdo-Useros como San José, combo imbatible -ciencia y entrañas- cuyo taller debería ser obligatorio ante auditorios de todo tipo. «El VIH afecta por igual a todo tipo de personas y colectivos«, subrayan siguiendo el derribo de estigmas.

Han cruzado los muros de Brians 2 -y lo harán en los próximos meses con los de Quatre Camins, Brians 1 y un cuarto centro aún por confirmar- también para eso. Derribar estigmas. «Nuestro objetivo es incrementar la cultura científica de internos y trabajadores de prisiones y proporcionar herramientas para adoptar un espíritu crítico y poder discernir lo que son mitos y lo que es real», explican.

Ideas que saltan muros

«La sociedad avanza muy rápido, pero aquí dentro vamos siempre muchos pasos por detrás. El tema del VIH se ha tratado históricamente en prisión, pero nos dábamos cuenta de que necesitábamos una visión nueva, trabajar más el estigma, tanto con los internos como con los propios funcionarios, por eso nos pusimos en contacto con IrsiCaixa, que enseguida nos pusieron todas las facilidades», agradece Helena, educadora del centro, quien apunta la importancia de que las ideas de fuera entren en prisión. «No solo en el tema del VIH; en todo», concluye. 

El teatro no solo se llena, sino que los asistentes, muy atentos, muestran abiertamente todos sus dudas; como si el VIH se puede transmitir por el aire o por la saliva. El tajante y argumentado ‘no’ de Izquierdo-Useros convence al auditorio, que también pregunta a la investigadora por su trabajo. 

Tras el taller, Jesús, agente de salud en sobredosis del centro como muestra orgulloso en su carnet, señala la importancia de lo que acaban de explicar -y cómo- Jordi Nuria para hacer entender a la sociedad que si se sigue el tratamiento, «que está a la alcance de todos en la sanidad pública», el virus se convierte en indetectable, y que «eso quiere decir intrasmisible». «Yo tengo dos hijas de seis y 12 años, preciosas y sanas; como he seguido siempre el tratamiento, ni ellas ni mi exmujer, que es antidrogas total, tienen el virus», destaca Jesús, quien trabaja contra el estigma desde la cárcel día a día con sus compañeros. «Aquí es muy habitual pedir un sorbito de café o una calada de un cigarro, y cuando ves que a algún compañero no se lo piden porque saben que tiene el VIH duele«, explica.

En las cárceles catalanas hay 386 casos declarados de VIH, lo que representa un 4,6% de los internos. 

«También duele que un interno se niegue a compartir habitación contigo. Durante estos años se ha avanzado mucho pero queda mucho, aún. Imagina cuando me lo detectaron a mí, que eran los años 90. Mi madre, pobre, apartaba mis cosas. Tenía mi plato, mis cubiertos… Y aquello fue muy duro. Porque en mi familia todos fueron buenos conmigo, nos queremos muchísimo, pero había mucha desinformación y mucho miedo», recuerda con ganas de seguir haciendo todo lo que esté en su mano para que nadie vuelva a pasar por lo que él ha pasado. 

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