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El aumento de las enfermedades alérgicas guarda una relación estrecha con el estilo de vida occidental



Mañana martes se celebrará una nueva cita digital del Aula de Cultura ABC, esta vez centrada en una conferencia del Doctor Roberto Pelta, bajo el título `Alergias e intolerancias alimentarias: un problema que va en aumento.

Roberto Pelta es Doctor en Medicina y Alergólogo del Hospital General Universitario

Gregorio Marañón. Ha sido presidente del Comité de Humanidades de la Sociedad

Española de Alergología e Inmunología Clínica, articulista en distintos medios de prensa escrita y colaborador de radio en programas de divulgación sanitaria

El doctor Roberto Pelta dará respuesta a muchas de las cuestiones sobre este problema del que cada día conocemos más casos.

¿Por qué hay más alérgicos ahora que hace unos años?

El aumento de la prevalencia de las enfermedades alérgicas guarda una relación estrecha con el estilo de vida occidental. La predisposición genética es un gran condicionante de cara a padecer enfermedades alérgicas, pero hay factores ambientales que tienen una importancia crucial. Gracias a las mejoras en las condiciones higiénicas y la menor exposición durante la niñez a infecciones que en el pasado causaban una gran letalidad, debido a la vacunación, nuestro gran mecanismo de defensa, que es el sistema inmune, se ocupa ahora de enfrentarse a agentes muy ubicuos en nuestro entorno como los pólenes, los ácaros del polvo o los hongos microscópicos, que provocan conjuntivitis, rinitis y asma alérgica.

En los últimos años se han construido viviendas más herméticas y poco ventiladas, que favorecen el acúmulo de sustancias como los ácaros del polvo (son arañas microscópicas) y las escamas y los pelos de las mascotas.

En lo que respecta a la alergia a los alimentos, en las últimas décadas la nutrición infantil ha sufrido grandes cambios. Se ha acortado la duración del período de lactancia materna y se introducen a una edad temprana los cereales en la dieta del lactante, en una etapa de su vida en la que el intestino aún no ha alcanzado su madurez. Paralelamente, también en las últimas décadas ha aumentado la frecuencia y gravedad de la alergia a los alimentos. Hay que tener en cuenta además los cambios que ha experimentado en los últimos años el microbiota intestinal (tenemos más bacterias en el intestino que células en todo el organismo). Personas con sobrecrecimiento bacteriano intestinal, que se manifiesta por hinchazón del abdomen, flatulencia, diarrea, estreñimiento o la combinación de ambos, están más expuestas al desarrollo de alergias e intolerancias alimentarias.

Existen varios estudios que atribuyen una mayor frecuencia de alergia a los alimentos en niños nacidos en invierno o durante el otoño, lo que puede estar en relación con la menor exposición en esa época el año a los rayos del sol, que al incidir sobre nuestra piel favorecen la síntesis de vitamina D. Actualmente la mayoría de la población tiene unos niveles bajos en sangre de dicha sustancia, que, debido a sus múltiples acciones beneficiosas en nuestro organismo, más que una vitamina se considera una hormona. Es una paradoja a tener en cuenta en países mediterráneos como el nuestro, donde hay más horas de exposición solar que en otras latitudes, pero pasamos mucho tiempo a cubierto.

¿Cómo influye la contaminación en la aparición de más casos de alergias?

Los pólenes que flotan en el aire de las ciudades son más agresivos para las vías aéreas que los presentes en el medio rural, debido sobre todo a las partículas emitidas por la combustión de los motores diésel, que además irritan nuestras mucosas y pueden estimular la producción del anticuerpo implicado en las enfermedades alérgicas, la inmunoglobulina E.

Los pólenes que han sido captados en los márgenes de las carreteras que registran mucho tráfico rodado provocan una mayor inflamación de las mucosas respiratorias.

Los inviernos más suaves, el efecto invernadero (ascenso de la temperatura de la atmósfera que se produce por la concentración de gases, principalmente del dióxido de carbono) de las ciudades y la contaminación ambiental favorecen la alergia a los pólenes.

¿Qué deben saber los alérgicos de la covid-19 y de sus vacunas?

Volviendo al tema de la vitamina D, es fundamental que sus niveles en sangre sean adecuados, pues sabemos que nos puede defender frente a infecciones, entre las que se incluiría el coronavirus que causa la covid-19. Hay estudios que demuestran que la prescripción de suplementos de vitamina D a pacientes con infección por covid-19 parece disminuir la tasa de mortalidad y la gravedad de la enfermedad.

También es importante que las personas que padecen asma, sea o no alérgico, empleen los inhaladores que les haya prescrito el alergólogo o el neumólogo, para mantener controlada la inflamación de las vías aéreas que causa aquel. En caso de que se infecten por el coronavirus las complicaciones serán menores si su asma está controlada.

También quiero resaltar que los alérgicos no tienen más riesgo de desarrollar una reacción alérgica a las vacunas del covid-19. Las reacciones alérgicas que se han descrito tras la administración de las vacunas frente al covid-19 son excepcionales y similares a las descritas con otras vacunas. Además, las vacunas frente al covid-19 no contienen trazas de alimentos ni antibióticos, como sí puede ocurrir con otras vacunas. Las reacciones alérgicas descritas hasta la fecha parecen estar relacionadas con los excipientes, especialmente el polietilenglicol, pero la incidencia de reacciones alérgicas al mismo es muy baja. En cualquier caso, siempre se recomienda una observación del paciente tras la administración de la vacuna durante 30 minutos.

Las vacunas frente al covid-19 sí están contraindicadas en pacientes que hayan presentado una reacción alérgica a alguno de los componentes de la vacuna o a una dosis previa de las mismas.

Las personas que estén administrándose un tratamiento de inmunoterapia con alérgenos (vacunas de polen, ácaros, hongos o epitelios de gato o perro) no tienen contraindicación para la administración de la vacuna frente al covid-19. Como sucede con otros tipos de vacunas, como la antigripal, conviene separar una semana la administración de ambos tratamientos. En el caso de las vacunas para tratar las alergias que se administran por vía sublingual, se recomienda que el paciente no tome la dosis el día de la administración de la vacuna contra el covid-19 ni en los siguientes 7 días.

Hay quien desarrolla alergia en la infancia y quien lo hace de adulto. ¿De qué depende?

Cualquier persona puede hacerse alérgica en cualquier época de su vida y sin antecedentes familiares que permitan sospecharlo, si estamos en contacto con algunos de los agentes causantes más habituales, como sucede con los pólenes. Sin embargo, la edad de comienzo más habitual es la infancia o la juventud.

En el caso de los niños se puede dar lo que los especialistas llamamos marcha alérgica, es decir, una alergia que va evolucionando de una forma determinada con el transcurso del tiempo. Los primeros síntomas empiezan a notarse en la piel, que se muestra áspera y muy seca, con un picor intenso que hace que el niño se rasque mucho. Es el llamado eccema o dermatitis atópica. Más tarde se inflamará la mucosa nasal (rinitis) y la mucosa bronquial (asma), y a la vez, puede aparecer algún tipo de alergia alimentaria.

¿Se heredan las alergias?

Hoy sabemos que los alérgicos pueden transmitir a su descendencia la predisposición para sensibilizarse a ciertas sustancias, lo que sumado a una exposición ambiental favorable puede desencadenar la enfermedad. En el caso de los niños, si uno de los padres tiene antecedentes de alergia, la probabilidad de que desarrolle la enfermedad es de un 25%. Si los dos progenitores son alérgicos esta cifra puede llegar hasta el 46%.

No conocemos muy bien cómo las exposiciones ambientales pueden interaccionar con la predisposición genética, pero la epigenética nos demuestra que determinados factores del entorno que nos rodea alteran la expresión de un gen sin modificar la secuencia del ADN. Algunos investigadores han relacionado la ingestión de ácido fólico, especialmente durante el embarazo, con el desarrollo posterior de enfermedades alérgicas.

¿Podemos dejar de ser alérgicos?

Para disminuir el riesgo no se debe fumar en presencia de los niños, pues el humo del tabaco es un muy irritante para las vías respiratorias y aumenta el riesgo de padecer asma bronquial. En familias de alérgicos durante mucho tiempo se ha recomendado por los alergólogos prolongar la lactancia materna y retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos, como los huevos, el pescado y las legumbres, hasta por lo menos los 12 meses de vida. Actualmente al considerar la relación entre la lactancia materna y el momento de introducir determinados alimentos en la dieta, de cara al riesgo de desarrollar una alergia alimentaria, hay resultados contradictorios a la vista de los estudios realizados. Inclusive la recomendación de una introducción tardía de ciertos alimentos en la dieta infantil está en revisión, pues algunos estudios demuestran que se podría incrementar el riesgo de padecer alergia alimentaria.

Los alérgicos a hongos y/o ácaros deben evitar la utilización de humidificadores en el interior de su vivienda, y deben ventilar y limpiar con frecuencia la misma. Además, deben evitar vivir con objetos que acumulen polvo (moquetas, alfombras, cortinas) y procurar que los suelos y paredes sean fácilmente higienizables.

Las vacunas que prescribimos los alergólogos pueden frenar la aparición de nuevas sensibilizaciones a otros agentes potencialmente alergénicos.



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