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Europa ya hacía cosas horribles hace 3.000 años, dice el jefe de la FIFA; eso será si es que existía algo que pudiera llamarse Europa entonces. Chocante argumento para reprimir cualquier cosa que se parezca al activismo por los derechos humanos en Qatar. La prohibición del brazalete arcoíris, con el muy subversivo lema One Love, ha derivado en otros gestos no menos poderosos. Los futbolistas alemanes se tapan la boca cuando posa su once titular. Los ingleses posan la rodilla en el suelo, símbolo antirracista que enfurecía a Trump cuando se empezó a hacer en el fútbol americano. Los más valientes de todos, los iraníes, no cantan su himno en solidaridad con las mujeres de su país, y esos tienen que volver a la tierra donde mandan los tiranos.

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