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La inercia es una fuerza poderosa. Cuando ya ni los manifestantes se acuerdan de quién es Pablo Hasél, las tertulias y los programas siguen llenando horas con debates sobre la libertad de expresión. Son discusiones tediosas donde casi todo el mundo concuerda en que el borborigmo adolescente no merece cárcel. Quienes creen que las injurias y celebraciones de tiros en la nuca reclaman la intervención de un juez y quienes niegan que haya reproche penal han ido acercándose conforme han trascendido más raps y tuits del susodicho. Ahora, los segundos dicen que cárcel no, pero una colleja de su madre no habría estado de más.

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