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Fernando Tejero: “Era reacio a medicarme, no podía creer que yo tuviera que tomar antidepresivos”



Fernando Tejero se presenta con el pelo decolorado, como un pollito, por exigencias de su actual rodaje. Alrededor, en el patio de la escuela de Cristina Rota, se sientan en el suelo a almorzar y charlar los alumnos que se forman en interpretación. Tejero (Córdoba, 54 años) fue una vez uno de ellos. “Qué emoción, me vienen muchos recuerdos”, dice a EL PAÍS. Desembarcó en Madrid a mediados de los años 90: venía los fines de semana y se hospedaba en una pensión de mala muerte, por Tirso de Molina, mil pesetas la noche, invadida de los efluvios de calamares fritos provenientes del bar de abajo. Entre semana regresaba a Córdoba, a trabajar en la pescadería de sus padres.

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