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Mi interés por descubrir nuevas perlas del cine y de las series es tan limitado como escéptico, pero mi escaso sentido de la responsabilidad todavía me obliga a ver cositas muy publicitadas por las plataformas y bendecidas por la crítica. Logro con esfuerzo llegar al final de The Assistant, aunque podría haber prescindido a los 15 minutos de su aburrido metraje. Me informan de que el movimiento (o lo que sea) llamado Me Too, convencido de que posee la verdad absoluta y que a veces incurre en nombre de su infinito e institucionalizado poder a perpetrar barbaridades, acorralamiento sin pruebas, estupideces sectarias, ha definido esta película como un sutil, insólito y magistral retrato de la confusión, la progresiva ira, la indefensión ante el chantaje de una secretaria que trabaja en la productora de un depredador sexual muy parecido a Harvey Weinstein. La forma de contar esta historia siniestra me parece cansina, con los tics y la nadería del más insufrible cine independiente. Sus intenciones son defendibles, pero el desarrollo es inane.

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