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Enrique, Quique, San Francisco era una persona y un actor con los pies en la tierra. De los que decía al pan, pan y al vino, vino y no andaba esquivando respuestas para evitar ser siempre políticamente correcto. Cuando murió este lunes, a los 65 años, a causa de una neumonía necrotizante, una infección pulmonar poco frecuente que se complicó por una bacteria, no tenía nada material que legar más allá de sus libros. Sin embargo la riqueza de su herencia emocional ha quedado claramente reflejada en el amor y sentimiento que destilan los homenajes que sus compañeros de profesión y amigos le están rindiendo en programas de televisión, comentarios personales y en las redes sociales.

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