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Hoy resulta difícil de creer que llevar pantalones haya sido una conquista para las mujeres. Pero hubo un tiempo, no tan lejano, en el que ellas solo podían usar falda o vestido, además de otras normas infranqueables para pelo, accesorios, modales y costumbres, y era motivo de escándalo y de escarnio mostrarse (y actuar) de otra manera en público.

En ese contexto es curioso que, de todas las españolas, las primeras que llevaron pantalones para trabajar y públicamente fueran las de Tomelloso, localidad escondida en el nordeste de la provincia de Ciudad Real.

Las aguerridas manchegas decidieron vestirse igual que sus compañeros para poder estar más cómodas cuando horadaban el suelo con ellos para abrir paso a las cuevas en las que se guardaría a salvo la entonces novedosa producción de la vid. Y es que la innovación ocurrió en los inicios de la industria del vino en esa dura meseta central, que hacia finales de 1800 reducía el terreno dedicado hasta entonces al cereal a cambio de plantar viñas en busca de mayor prosperidad, lo que hizo que se necesitaran más manos para atender a ambas actividades.

Así fue que las mujeres debieron salir masivamente al campo junto con los hombres y para ello cambiaron las molestas faldas por perneras. Su practicidad las hizo pasar a la historia, no sabemos ya si inesperadamente o a conciencia, como las primeras que lo hicieron públicamente y con la venia del pueblo.

Los grabados de la época las retratan cubiertas de tierra, la piel de la cara cansada marcada por las largas jornadas fuera y los pantalones de faenar masculinos sucios y anchos, sin sospechar que esa prenda ya nunca más saldría del armario femenino ni tendría límites de estilo, de ocasiones para lucirlo y de versiones.

Imagen de 1916. Sobre los pantalones, las terreras llevaban una faldiquera o delantal.

Ayuntamiento de Tomelloso.
Las de Tomelloso se convirtieron, no es de extrañar, en personajes para la prensa de la época. El cronista de Blanco y Negro que retrató este hito en 1896 en la portada de la revista fundada por Torcuato Luca de Tena lo contaba de manera concisa pero muy descriptiva: «Ofrece dicho pueblo la particularidad de ser acaso el único de España donde usan pantalones las mujeres,
demostrando con esta prenda varonil que como los hombres trabajan».

Portada de Blanco y Negro del 26 de septiembre de 1896.

Archivo ABC
En la plaza central de Tomelloso hoy en día hay una figura que recuerda a esas pioneras anónimas. La historia del pueblo, en la actualidad de 58.000 habitantes y dueña del 50% de la superficie de viñedos de toda España, cuenta que mientras ellos cavaban, ellas extraían la tierra en la boca seca de las cuevas, una especie de túnel vertical conocido entonces como ‘lumbreras’ por su efecto sobre el oscuro vientre interior. Usaban para ello un torno o maquinillo, y se vieron en la necesidad de tener las piernas a salvo y ganar en amplitud de movimientos para agacharse, acarrear y trasladar a buen ritmo. Por su oficio fueron bautizadas como ‘terreras’, y así se las recuerda en su ciudad.

Blanco y Negro 1933 – Archivo ABC

El periodista de Blanco y Negro deja traslucir en aquella portada histórica que, aunque podría tratarse de un escándalo, ellas contaban con justificación y la aprobación social que las eximía. «La época de la siega –puntualiza en la histórica portada de la revista- es la más indicada en Tomelloso para los enlaces matrimoniales. Por toda luna de miel tienen los novios la más ruda faena campesina, la de segar las mieses, pero terminada la siega ve el nuevo matrimonio que el trabajo de la mujer ha aportado a la sociedad conyudal cincuenta o sesenta duros, con los cuales se compra el primer trozo de tierra para base y comienzo del sencillo hogar, formado, como se ve, bajo los mejores auspicios».

Los pantalones de las trabajadoras manchegas pasaron a convertirse en su uniforme habitual y característico. En 1933 ABC da fe de ello en un anuncio de una bodega, en cuya foto salen ellas junto al texto que indica que allí «trabajan mujeres con el típico pantalón usual en esta zona manchega».

Este hito ha quedado grabado también en algunos cuadros costumbristas de pintores como el local Antonio López Torres.



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