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Pierre Cardin solía decir que le gustaba “vestir mundos y vidas que todavía no existen”. Esa idea de una moda tecnológica y funcional definió buena parte del estilo de la década de los años sesenta, una época marcada por la amenaza de la Guerra Fría, la carrera espacial y el lento reinicio de un mundo que volvía a nacer tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora, que de algún modo vivimos ante otra página en blanco, algunos creadores vuelven a buscar respuestas en la ciencia ficción. “Los clásicos de hace veinte años como Gattaca y Matrix fueron todos ellos imaginaciones pasadas del futuro que han dado forma a la actualidad”, comenta Paul Andrew, director creativo de Ferragamo, sobre la colección que acaba de presentar dentro de la semana de la moda de Milán. Titulada Future positive, el diseñador no ha querido, sin embargo, mandar un mensaje de optimismo simplista, sino ahondar en otro de esos conceptos a los que se recurre con frecuencia a la hora de imaginar la estética del futuro: el del uniforme, “pero liberado de toda asociación de clase, color o creencia”, continúa. Ese mensaje, bastante utópico en la teoría, se traduce en una colección en la que las alusiones a la indumentaria del militar, el motorista o el atleta se equilibran de forma audaz con los códigos de sastrería marca de la casa. Los ‘uniformes’ del próximo otoño son, según Ferragamo, combinaciones monocromáticas (una de las pocas tendencias a tener en cuenta de la temporada) de prendas de colores vibrantes en las que se agradece que el efectismo visual se equilibre con lo funcional, algo que parece difícil de lograr, a juzgar por las colecciones presentadas en este último año, que oscilaban entre lo más onírico y lo más básico sin detenerse en el término medio.

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