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Una caja de naranjas amargas de los árboles del Real Alcázar de Sevilla, el palacio en uso más antiguo de Europa, llegará en forma de mermelada al de Buckingham, en Londres, recuperando así una tradición que se había perdido a principios del siglo XX. De un palacio real a otro. La transformación del cítrico en confitura se producirá en Madrid, en la residencia del embajador británico en España, Hugh Elliot, quien el pasado febrero escribió una carta a la directora del Alcázar, Isabel Rodríguez, para agradecerle el regalo: “Me alegra mucho que esta tradición de principios del siglo XX que se había perdido, afortunadamente se haya recuperado ahora”, dice la misiva manuscrita. El embajador asegura que las naranjas son “apreciadas enormemente” y le adelanta a la responsable del Alcázar: “Elaboraremos en mi residencia la mermelada de naranjas amargas que es la fusión de nuestras culturas”.

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