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Alguien votó a Unidas Podemos en La Moraleja, la urbanización que habitan algunas de las personas más ricas de España. Alguien votó a Pablo Iglesias, el azote de los pudientes. “Un hombre, un voto”, dice el adagio democrático. Solo fue un votante. Una papeleta. Una gota izquierdista en un mar de riqueza. ¿Pero quién? ¿Un resentido? ¿Una díscola hija de ricos? ¿Alguien del servicio? ¿Un loco? ¿Alguien que buscaba una venganza íntima y secreta? ¿Quién eligió aquella papeleta del partido morado y la metió en la urna? ¿Por qué lo hizo? ¿O fue solo un error? Todo es misterio.

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