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El diletante de andar por casa, el natural de fila de filmoteca, el bienhallado asiduo a jams de poesía, desprecia la ciencia ficción y la fantasía. Los que hoy pontifican desde las secciones de cultura de la prensa eran, casi siempre, los que se burlaban de sus compañeros que leían a Tolkien, Le Guin o Asimov, aunque los primeros no fueran mucho de leer. La vida, que siempre escribe mejores guiones que nosotros, les pone siempre de triunfadores en el segundo acto. No insistan, que al sensible y al raro solo les va bien en las películas. Solo quien no ha leído nunca ciencia ficción es capaz de asociarla exclusivamente a señores con escafandra y escolopendras que lanzan rayos por los ojos.

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