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Esta comedia negra está muy lograda, pero hay un capítulo que es toda una virguería. En media hora de duración no se pronuncia una palabra en voz alta. Toda la comunicación es gestual o bien se lee en los labios de los protagonistas, uno de ellos —el que marca ese episodio— sordomudo. Y pasan muchas cosas que no se oyen sino que se ven o se intuyen. Ocurre en Solo asesinatos en el edificio, serie de Disney+ que satiriza la modernidad: parece que toda Nueva York esté produciendo su propio podcast, como en otro tiempo se escribían blogs. Pero tiene aroma de clásico, el de esas películas de crímenes amables del viejo Hollywood, unas gotas de Agatha Christie y muchas de Woody Allen.

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